El arte del flujo constante: Kung Fu, semiótica y lenguaje de la transformación

El cultivo del Kung Fu, nombre que damos al patrimonio marcial chino, constituye, per se, una manifestación de autorrealización.
Esto es, en el propio hecho de cultivar el arte de la defensa personal, el practicante experimenta la plenitud en la búsqueda permanente de un grado cada vez mayor de perfección. Cada movimiento, cada esfuerzo por alcanzar un nivel mayor de destreza, convierte la práctica en un camino introspectivo de crecimiento personal y de motivación intrínseca.
Kung Fu: La búsqueda de la excelencia
El término Kung Fu significa, literalmente, “Esfuerzo Permanente” o “Esmero Constante”. No es un arte marcial, sino su práctica: un algo difícil de definir, que se busca permanentemente.
En este camino, la meta del practicante es la autorrealización en el propio proceso de perfeccionamiento constante.
Por eso, el concepto trasciende la acción puramente pugilística.
El monje que barre las hojas en el umbral del templo, o el calígrafo que afina el trazo, o el músico que persigue la nota perfecta, o el herrero que busca la excelencia moldeando el metal, pueden llegar a alcanzar el Kung Fu.
El movimiento poético: La semiótica natural
Esta vivencia hacia un perfeccionamiento constante —Kung Fu— está íntimamente unida al profundo conocimiento de la naturaleza.
Las artes marciales chinas incorporaron una filosofía ideomorfa en la que los conceptos y la estrategia proceden directamente del ámbito natural, integrando la semiótica —lenguaje de los signos y de los símbolos— tanto en la dimensión mecánica como psicológica del arte marcial.
Esta conexión es evidente en la taxonomía técnica: es más intuitivo y natural nombrar una postura que imita la manera de montar a caballo como Paso de caballo, o un movimiento defensivo y elegante como La garza abre sus alas, que codificar la técnica con sistemas alfanuméricos, abstractos, más propios de la idiosincrasia científica occidental. La naturaleza no es solo una metáfora: es el vocabulario consustancial para construir la memoria neuromuscular.
Esto lo observamos en el resto de artes marciales asiáticas, como las coreanas y japonesas, caso del vocablo Juchum Seogi o Kiba dachi, en coreano y japonés respectivamente, refiriéndose a la Posición de caballo.
El Xing Yi Quan “Puño de la Forma y de la Intención” es un buen ejemplo de sistema ideomorfo, fundamentando sus técnicas en los cinco elementos chinos: Madera, Fuego, Tierra, Metal y Agua, concepción muy distinta de los cuatro elementos de la filosofía occidental, de la antigua Grecia.
Esta estructura o esquema pugilístico se construye a partir de los mismos componentes que la medicina tradicional china. El arte marcial refleja un concepto taoísta común a la medicina, al feng shui y a todo arte o disciplina tradicional.
Algo que también influenció, por ejemplo, a la cultura coreana, tal y como podemos ver, por ejemplo, en la bandera de Corea del Sur, con el concepto Tae Guk, lo que en China es llamado Tai Ji “Supremos Opuestos”, esto es, el proceso constante de creación y destrucción entre Yin y Yang.
De hecho, el Tae Guk se extiende como nombre de la primera serie de Poomsae “Formas” del Taekwondo, estando asociada cada una de ellas a uno de los ocho Pal gwe, nombre coreano de los Ba gua “Ocho Mutaciones”, representadas gráficamente por trigramas. Hablamos de Cielo, Tierra, Trono, Agua, Montaña, Viento, Fuego y Lago.
Precisamente, en el patrimonio marcial chino —Kung Fu— al igual que el Xing Yi Quan “Puño de la Forma y de la Intención”, está el Ba Gua Zhang “Palma de las Ocho Mutaciones”, sistema ideomorfo completamente fundamentado en este concepto filosófico chino, reforzando así la afirmación de que la semiótica es un elemento nuclear de la idiosincrasia de las artes marciales asiáticas: Kung Fu y demás.
Sentimiento natural: La fluidez de la transformación
Según la filosofía china taoísta, la naturaleza no es inmutable; por el contrario, su esencia es la transformación continua —flujo del Tao— y el equilibrio dinámico entre creación y destrucción.
La meta del practicante avanzado es adaptarse a esa realidad, lo que lo lleva a la búsqueda del Sentimiento Natural: fusión entre la mecánica o physis y la mente o psique, para no resistirse al cambio, sino fluir con el concepto chino de Wu wei “Acción vacía”.
En una situación de emergencia defensiva no hay tiempo para la reflexión: el cuerpo reacciona por sí mismo. Es el estado de respuesta talamocortical rápida, en el que se trascienden las sensaciones y la acción defensiva se convierte en una adaptación instintiva y perfecta a la circunstancia, invocando la eficacia y la fluidez del instinto natural.
El Kung Fu es, en última instancia, la disciplina que convierte la defensa de las personas en un arte que celebra la eficacia y la belleza de la transformación constante inherente al universo, en profunda conexión con la medicina tradicional china y con la cosmovisión filosófica taoísta, incluso, en cierto modo, también en las escuelas budistas de Kung Fu, como la Shaolín.