Kung Fu: Cuando la mente vence a la espada. Parte II de II

En la primera parte de este artículo expusimos cómo el factor psicológico condiciona la supervivencia en una situación de defensa personal. Y si bien en la primera parte nos centramos en aspectos intrínsecos del arte marcial, en esta continuación me gustaría desarrollar aquellos otros aspectos de interés para todas las personas, neófitos y sociedad ajena a la práctica marcial. Todos somos susceptibles de sufrir una agresión y más en los tiempos que corren, donde la sociedad actual está experimentando una transformación social enorme, con un grado de violencia y criminalidad al que la gente de mi generación no estábamos acostumbrados. Así es que, en una sociedad progresivamente más peligrosa o, como poco, menos segura, la defensa personal es una utilidad necesaria.
No sabemos solucionar muchos problemas porque no sabemos gestionar las emociones
Una vez más todo orbita alrededor del eje psicológico y de la gestión emocional. Está claro que como sociedad arrastramos desde siempre esta gran carencia y que cada vez tengo más claro que puede ser la principal causa y raíz de los grandes males de la sociedad, desde lo personal y familiar a las guerras entre Estados. La filosofía y la psicología no dan de comer, no tienen un valor económico significativo para la maquinaria socioeconómica y sociopolítica. El sistema educativo tal vez cambió la pizarra y la tiza por pantallas electrónicas, pero continúa siendo un espejo del sistema militar prusiano, cercando a los niños en un gran edificio perimetrado con alambradas, sujetos a un toque de entradas y salidas, encajonados en aulas y evaluados por puntuaciones en un expediente, sometidos a un proceso de memorización e instrucción de contenidos para formar empleados o empresarios. No hay tiempo para desarrollar una metódica del estudio, mejor llena la mochila de deberes, y en casa búscate la vida. Lo que importa es la puntuación de los exámenes. Valés tanto como el número que saques en las evaluaciones académicas. Acostúmbrate a ser un número en expedientes, listas y otros registros. Menos aún hay tiempo para ejercitar la reflexión, para analizar las emociones, para identificar la causa del estrés, de la frustración, de la tristeza, del ánimo, de la motivación, de la ira, de la envidia, de la empatía y de la apatía, del individualismo y del colectivismo. ¿Por qué cada vez hay más problemas muy graves de acoso? Porque no sabemos gestionar las emociones, porque Educación tampoco sabe cómo atajar el problema más allá de protocolos diseñados en un despacho. Tenemos un gravísimo problema, con parejas que discuten mucho, con monstruos que violan y asesinan, con delincuentes en las calles... Y la respuesta de la sociedad es meter en celdas a los criminales, en un centro con otros indeseables, creando un ecosistema interno entre personas con problemas sociales, como si eso fuese a rehabilitar a alguien. Con esto se pone en evidencia la gran carencia del cultivo de la reflexión y de la identidad del individuo en una dinámica de darwinismo económico en la que la persona es primeramente un instrumento, fuerza de trabajo y consumidor, y posteriormente, jubilado y una carga para el Estado.
La mayor victoria es ganar sin tener que luchar
¿Y todo esto qué tiene que ver con el Kung Fu o con las artes marciales? Pues que el primer objetivo es evitar la lucha, evitar la violencia, evitar el conflicto, evitar la agresión. Sun Tzu, en El arte de la guerra, dice que la finalidad principal es alcanzar los objetivos sin tener que someter a nadie, sin tener que esgrimir las armas. Esto va desde una persona con otra persona al ámbito de un ejército contra otro ejército. No sé el origen del dicho, pero en Asia se dice que si todos practicásemos la meditación desde niños, no existirían las guerras en el mundo. Las artes marciales son una lección de vida en todos los ámbitos, por lo menos en la cosmovisión propia de los sistemas chinos, ligados e inseparables de la filosofía, de la ética y de la idealización de un mundo mejor para todos. El Kung Fu no es para destruir, es para salvar, es para ayudar, es para proteger. Y en lo relativo al método, al instrumento pugilístico, nada va a funcionar bien si las emociones boicotean nuestra praxis o si no somos capaces de proyectar el enfoque mental sosegado.
Con todo esto, a donde deseaba llegar es al hecho de que podemos diseñar e impartir tantos cursos de Defensa Personal como queramos, incluso, en muchos casos, crear etiquetas muy rentables como la de Defensa Personal Femenina, sacando provecho comercial de una necesidad o problema muy serio. Pero ¿qué importa la técnica sin atajar el factor emocional y psicológico? ¿Alguien puede imaginar lo que puede sentir una chica que es acosada a la salida de una discoteca, por ejemplo? Pues es ahí donde debemos analizar la aplicación técnica bajo ese estrés psicológico, pánico, pico de adrenalina... La técnica correctamente ejecutada funciona de igual modo que con una polea o con una palanca podemos levantar pesos que directamente sería imposible. Pero en la defensa personal las cosas no son tan fáciles como ir al gimnasio tres horas a la semana a ensayar técnicas de ataque y defensa, lo que constituye un fútil intento de congelar el agua esperando que se comporte como un fluido. Aquí es donde el Kung Fu, evidentemente el Kung Fu tradicional, tiene contenidos muy profundos y desarrollados, pudiendo aportar conocimientos valiosos y útiles para la sociedad.