Mercedes Vázquez, fotógrafa: "En mis fotos muestro la dureza de los trabajos manuales"

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Hablamos con Mercedes Vázquez Saavedra, fotógrafa y etnógrafa sarriana que acaba de exponer sus trabajos en la antigua cárcel de Sarria, así como lo está haciendo en Samos
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Actualizada el 25 febrero 2026, 08:53 horas
8 Oct 2024

Por Jessica Fernández

¿Quién es Mercedes Vázquez?

Nací en Sarria y trabajé durante toda mi vida en proyectos sociales y actividades socioculturales en diferentes entidades. Además, toda mi vida estuvo vinculada al arte, tanto en el ámbito de la escritura como de la fotografía. En el ámbito de la escritura, elaboré guías turísticas para entidades como la guía de O Courel, de A Pobra do Brollón… por eso, también en la recopilación de esa información, aprovechaba para sacar imágenes que ahora forman parte de mi colección y que se incluyen en mis exposiciones.

¿Cómo se vinculó al mundo de la fotografía?

Mis tíos, primos, mi abuelo… todos ellos tenían cámara de fotografía, por lo que siempre fue un mundo con el que tuve contacto y que siempre me gustó. Fui compatibilizando mi labor profesional oficial con la fotografía y, ya jubilada, me dediqué a esto en cuerpo y alma; podríamos decir que ya hace 15 años que es mi pasión y dedicación total. En los años 70 montamos un estudio analógico mi tío, un primo y yo para hacer experimentos, pero la que terminé vinculada al mundo de la fotografía por completo fui yo, que pasé de analógico a digital. Y así empecé a fotografiar todo lo que veía.

¿De qué tratan sus fotografías?

En mis trabajos hay dos cosas a destacar: el rural y la mujer. Debo reconocer que mi vinculación con Portugal influyó muchísimo en mis fotografías. Yo viajé mucho por muchos lugares del mundo, pero cuando me fui haciendo mayor me di cuenta de que lo que más me interesaba era conocer de dónde veníamos, del rural. Por eso, empecé a interesarme más por las aldeas, algo que también me vino precedido por las guías que hice de O Courel, donde vi cómo eran las aldeas y lo mucho que me gustaban.

Yo llegué a Portugal y vi que las aldeas eran como las que yo había conocido en O Courel, pero que poco a poco se iban perdiendo en el rural de Galicia, tanto es así que vivo entre Pitões das Júnias y Sarria. En Portugal se hacen trabajos comunitarios entre las mujeres, lo que también me recordó a mi infancia, ya que mi madre y mi abuela fueron quienes me criaron porque los hombres tuvieron que emigrar. Las historias de las mujeres de la aldea comunitaria me hicieron ver la vida de otra manera; aprendí de ellas, de mi familia y de las mujeres de O Courel el hecho de compartir, de dar lo que se tiene. Las mujeres hacían las labores, cuidaban de los niños y se conformaban con un plato de verduras. Lo importante es ayudarse unas a otras. Me hicieron entender que la vida era mucho más simple.

Tiene cinco proyectos expositivos, ¿qué destacaría de cada uno?

Empecé montando una exposición de máscaras, de la que tengo dos. En ellas se retratan máscaras; una es de máscaras gallegas y portuguesas y la otra es de máscaras ibéricas, en la que se encuentran personajes de la zona central de la Península Ibérica.

Después, tengo tres exposiciones más, una llamada Mulleres, que es la que vamos a tener en octubre en Samos, y en la que retrato mujeres que fotografié durante mis viajes al rural. Aparecen mayoritariamente mujeres de la Raia de Portugal que fui encontrando, pero también hay de O Courel y de Samos. Además, siempre amplío las exposiciones, ya que no me gusta que sean estáticas, siempre integro a más mujeres.

Por otra parte, hay una exposición muy concreta que es la de Mulleres das capas, que es el seguimiento de mujeres de Nogueira, en el Concello de Boticas, en Portugal, que es conjunta con Moncho. En ella se retrata a las mujeres de esa tierra del Barroso en Portugal, una zona entre Chaves y Montealegre y cerca de Xinzo de Limia.

Finalmente, la exposición que estuvo en Sarria durante el mes de septiembre, Traballos do campo, es una recopilación de fotografías que fui tomando en diferentes lugares, captando la esencia de los trabajos manuales de antes. Algunas fotos tienen 30, 20 o 10 años, pero todas expresan la dureza de la vida en el campo y la fiesta que se hace al terminar dichos trabajos. Concretamente, se ven siegas, malladas, serradas y acarreos… y quizá una mujer cavando, así como también hay hombres.

¿Por qué es importante mostrar estos trabajos?

Me gusta mucho compartir los trabajos, porque aunque eran muy duros y yo muestro esa dureza, después del trabajo hacían una fiesta, disfrutaban y era un momento de compartir. Nunca se podrán recuperar los trabajos a mano porque son muy duros y hay máquinas, pero es interesante mostrarlo y poner en valor lo de antes, no solo el trabajo en sí, sino a las personas, en la parte etnográfica. No busco la perfección, sino captar algo que diga algo, porque no hay nada perfecto, y esa imperfección transmite; eso es lo que quiero, transmitir y recuperar el valor por las aldeas y que no muera y valorarlo. Yo encontré la esencia del rural y de la gente auténtica, y aprovecho para ver costumbres y estar con la gente. Me interesa todo y tengo muchas emociones, que es lo importante, tener ganas de hacer cosas y emocionarse con lo que hagas.

¿Qué importancia tiene para usted el rural?

Es importantísimo volver a valorar el rural y hacer cultura del rural. A mí Portugal me enseñó que era posible hacer de una aldea algo grande, con museos y casas rurales, actividades, cursos… En Froxán, en O Courel, antes había mucha actividad y se hacían cosas, pero pienso que el rural hay que reivindicarlo y que no mueran las aldeas, por eso yo hago exposiciones en el rural. Aunque hice exposiciones en lugares grandes, me encanta exponer en sitios pequeños, como Sarria o Samos. Me motiva muchísimo exponer en el rural porque se acerca gente y hacemos comunidad. Tenemos que hacer que el rural esté vivo y que no caiga en el abandono porque me da mucha pena.

¿Cómo fue la acogida de la exposición en Sarria?

Muy bien, estoy encantada. Tengo mucha gente que conozco de toda la vida y que pasan por allí para ver las 70 fotografías que componen Traballos do campo. Además, también pasan los peregrinos y este mes es muy bueno, porque en julio y agosto van más rápido y no paran tanto. Ahora van más tranquilos, entonces esa gente es la que se para y mira la exposición e influye mucho en que paren otros. También hay gente que viene de otros municipios para ver la exposición y estoy contenta.

Ahora está en Samos su exposición Mulleres.

Sí, tenemos muchas ganas. Hicieron una sala nueva de exposiciones en el centro y desde el Gobierno local estuvieron muy receptivos a llevar la exposición de Mulleres a Samos a partir de octubre. Samos es muy importante para mí porque pasaba los veranos en una parroquia de Samos y es donde yo vi las malladas y las siegas. En la exposición hay una mujer de Samos. Soy una disfrutadora de las cosas pequeñas y tengo muchos amigos en Samos que sé que van a venir a la exposición y a disfrutarla.

¿Qué proyectos de futuro tiene en mente?

Siempre que hago una exposición, desde los ayuntamientos me proponen hacer fotografías de alguna de sus aldeas para realizar una exposición concreta de esos lugares y tengo para el año que viene encargada una en ese sentido. Así, retrataré mujeres y trabajos de diferentes municipios, lo que la vida me deje, estoy abierta a todo.

Además, tengo imágenes de la parte artesana de los diferentes municipios, así como fotografías de los trabajos del campo con maquinaria, por lo que podría hacer exposiciones de ese tipo también.

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