El Poder Oculto en el Silencio: La Desmitificación del Tai Ji Quan y la Excelencia del Kung Fu

Persiste aún en la sociedad un elevado desconocimiento en torno a las artes marciales y, de forma muy singular, sobre el Kung Fu, de naturaleza compleja, pues no constituye una única disciplina, sino un diverso conjunto de artes marciales chinas. En este sentido, si bien podría afirmarse que el Kung Fu Tai Ji Quan “Boxeo de los Supremos Opuestos” es quizá el más conocido en Occidente por su vertiente terapéutica, lejos está la mayoría de sospechar su verdadera naturaleza y potencial. Aún son muchos los que ignoran que nació en China como un sistema de Kung Fu que codifica contundentes y brutales aplicaciones marciales, especialmente en su estilo original, el Chen.
La procedencia de culturas tan exóticas y la llegada tardía del Kung Fu a nuestro país —lo que incluso facilitó que en la década de los setenta prosperasen estilos inventados y franquicias de sistemas ajenos al patrimonio marcial chino e inexistentes tanto en China como en el resto del mundo— dio lugar a un extraño organigrama, a la dispersión de los centros de práctica y a su regulación como disciplina asociada en diferentes federaciones.
En España, el Kung Fu, aunque muy conocido nominalmente a través de las películas y, más recientemente, por dibujos infantiles como Kung Fu Panda, continúa siendo, en esencia, ese misterioso y antiguo arte marcial.
La Transición de lo Marcial a lo Terapéutico: De Chen a Yang
Es necesario precisar que el Tai Ji Quan ha experimentado un cultivo ajeno a su esencia original incluso por voluntad de maestros nativos. Históricamente, unos 150 años después de que el experimentado militar Chen Wangting consolidara el estilo Chen, en la 14ª generación surgió la figura de Yang Luchan. Este Maestro fundó el estilo Yang, reestructurando el arte hacia un método más accesible y terapéutico, primando el cultivo de la salud y la longevidad en detrimento de la eficiencia marcial más directa. Aunque ambas orientaciones no son excluyentes, lo cierto es que este cambio alumbró algo distinto al propósito inicial. Con todo ello, a lo que quiero llegar es a la voluntad de compartir la excelencia del Kung Fu Tai Ji Quan y, hasta cierto punto, advertir sobre un fenómeno que impide activar los contenidos fascinantes que el sistema guarda encriptados, como capacidades que tenemos a nuestro alcance y desconocemos de su existencia, como botones ocultos en un teclado. Tras muchos años ya de búsqueda y de contacto con diversos maestros, he descubierto y sigo descubriendo que aquello que antes desmerecía mi atención por considerarlo un sistema ineficiente es en realidad un Kung Fu con un significado oculto asombroso.
El Estancamiento
El problema radica en que, a día de hoy, el Tai Ji Quan se aprende y se enseña de manera parcial. La práctica se entiende como un ejercicio preparatorio perpetuo, una fase previa de la que jamás se llega a salir. Salvan pocas excepciones, como la de Shifu Miguel Ángel Rojo, actual presidente del Departamento Nacional de Kung Fu de la RFE de Karate y Disciplinas Asociadas, quien, gracias a su formación en China y a su contacto con los más reputados maestros nativos, conoce y transmite la disciplina con todo su potencial y sus aplicaciones.
Lo habitual, sin embargo, es una práctica estancada en el perfeccionamiento de la estructura, sin llegar nunca a los módulos de aplicación, al combate de estudio o al sparring libre en sus distintos niveles de contacto. Resulta comparable a quien pasa toda su vida en la zona de la piscina donde el agua no supera la cintura, realizando ejercicios con dispositivos de flotación y prácticas parciales sin aplicación directa, aunque destinadas a mejorar la técnica, pero sin llegar nunca a nadar realmente.
El Método como Virtud y Obstáculo
La gran virtud del Tai Ji Quan es, paradójicamente, su mayor lastre para el neófito. En lugar de entregarse a la celeridad, a la fuerza bruta o al bullicio que suelen caracterizar otros sistemas de Kung Fu y muchas artes marciales, el Tai Ji Quan nos interpela con una quietud inquisitiva: “¿Hacia dónde vas con tanta prisa si aún no comprendes lo que ejecutas?”.
Esta disciplina nos invita a detener las manecillas del reloj como fase indispensable de un entrenamiento destinado a convertir lo consciente en instintivo. Es necesario aprender a caminar antes de correr. El Tai Ji Quan resulta fascinante porque, al suspender el tiempo, nos obliga a buscar una coordinación exacta entre la mecánica corporal y la respiración. Exige estudiar la postura precisa y el traslado del peso de una pierna a otra, cultivando una cinética óptima en la que la traslación de la cadera y la rotación de la cintura operan como una cadena sincronizada.
En ese estado de atención plena se percibe con claridad, por ejemplo, cómo el metatarso del pie ejerce presión contra el suelo, iniciando la cadena de movimiento que asciende a través de la rodilla, la cadera, el hombro, el codo y la mano. En este proceso de introspección física, el Tai Ji Quan nos ordena: “Cierra los ojos”. Entonces el practicante descubre que el equilibrio es mucho más frágil de lo que sospechaba. Incluso en la simple posición de apertura, con los pies paralelos, la ausencia de visión revela que el equilibrio no es un estado estático, sino una corrección constante de una caída permanente.
Tomamos así conciencia de cómo la planta de cada pie dialoga con el suelo, repartiendo el peso entre el metatarso, el talón y los bordes, adquiriendo una conciencia cinestésica que antes pasaba inadvertida. Es una metodología espléndida aplicable a cualquier sistema de Kung Fu, e incluso a las katas japonesas o a los poomsaes coreanos. La finalidad última debe ser interiorizar esta mecánica hasta integrarla en el inconsciente y aplicarla en los distintos niveles de contacto, donde se aprende a controlar el estrés, la ansiedad y el miedo en un entorno controlado y seguro, despertando finalmente el instinto pugilístico natural.