Pura López, enfermera, escritora y superviviente de la COVID: “La vida me dio una segunda oportunidad y decidí aprovecharla”

SarriaXa
La médica enfermera y desde 2024 también escritora, de O Páramo, relata en su nueva obra cómo fue vivir la COVID, poniendo en valor el trabajo de los sanitarios y criticando el trato que recibieron
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4 Oct 2026

Jessica Fernández

En poco más de 150 páginas, Pura López consigue estremecernos con una narración en primera persona de lo que sufrió durante un mes postrada por la COVID en una cama de hospital. La enfermera de profesión nunca pensó que algo así podía pasarle a ella, pero con 71 años la enfermedad llegó sin avisar como un catarro cualquiera y la llevó hasta el límite, pensando incluso que iba a morir.

En su segundo libro, bajo el nombre de ‘Bajo la sombra de la pandemia - La vida en pausa’, Pura López sostiene que es una obra —al igual que la primera, ‘La niña que quería ser pájaro’— autobiográfica, cuya misión es “homenajear a todas las personas del ámbito sanitario que se jugaron la vida por nosotros durante la pandemia”, sostiene. La suya es una historia como muchas otras, pero con final feliz, porque está aquí para contarlo. “La vida me dio una segunda oportunidad y decidí aprovecharla”, destaca la autora de O Páramo, que vive en Cataluña, donde desempeñó su labor profesional y desarrolló su vida personal.

López destaca que lo suyo fue “suerte”, ya que la COVID se llevó a muchas personas que ni siquiera pudieron despedirse de sus familias. “Vi a personas despedirse de sus seres queridos a través del móvil de una enfermera. Eso era tristísimo. Yo tuve suerte porque mi hija era enfermera, entonces se camuflaba y venía a verme, esa fue mi salvación”, reconoce. Además, Pura, al superar los 70 años, formaba parte del grupo de personas que quedaban fuera de la opción de cuidados intensivos, debido a la falta de camas en los hospitales. “Mi hija se puso como loca y protestó tanto que al final tuvieron que buscar un sitio para mí. Si no fuera por eso, quizás no estaríamos hablando ahora”, declara.

Sin embargo, Pura López no tiene rencor hacia los sanitarios, de los que dice que la trataron “de maravilla”, sino que critica un sistema sanitario colapsado que, además, no ha mejorado desde ese momento. La enfermera denuncia que “la situación vivida entre 2020 y 2021 fue caótica: los sanitarios estaban desbordados, no sabían cómo afrontar la situación, faltaban recursos, medios y personal”, pero incide en que “la cosa no solo no ha mejorado, sino que ha empeorado”, sosteniendo que “si volviera a haber una pandemia, estaríamos menos preparados”.

EL DEFICIENTE SISTEMA SANITARIO

Pura López siempre se ha sentido orgullosa de su profesión. Después de muchos años de formación en Enfermería, Psiquiatría y de Matrona, ejerció en el ámbito de la neurología, en el de digestivo y terminó su vida en partos. Como ella, dice, muchos profesionales de la sanidad se forman en un país “donde teníamos una de las mejores sanidades públicas del mundo”, destaca. Sin embargo, durante la pandemia se vio cómo se desvanecía. “Hubo una gran falta de sanitarios, a la vez que fue la época en la que menos personas de baja estuvieron. Todos se implicaron para echar una mano y se implicaron incluso personalmente, ya que muchos trabajadores de los hospitales se infectaron. Arriesgaron la vida por salvar la de otros. Y eso era así porque también faltaban recursos: se reutilizaban mascarillas, guantes e incluso los trajes”, explica. El libro de Pura cuenta esto de una manera crítica, ya que, además, los sanitarios sufrían por partida doble: estaban expuestos al virus y tenían miedo y, a la vez, sufrían el trato de la sociedad, que a pesar de aplaudir todos los días por la ventana, se apartaba de ellos por la calle. La autora cuenta que una amiga sanitaria le contaba que los vecinos de su edificio, cuando la veían coger el ascensor, se alejaban e iban por las escaleras.

Esa situación de maltrato hacia los sanitarios, sumada a las malas condiciones salariales y a la falta de médicos, que hacen asumir a los que están más carga de trabajo, hicieron que “muchos se marcharan del país, empeorando aún más la sanidad pública”, explica Pura. “Ahora, no hay médicos. En los centros de atención primaria no hay médicos de guardia, como mucho una vez a la semana. Y también las enfermeras están asumiendo funciones de los médicos que no deberían porque no están formadas para eso. También han aumentado las listas de espera: para un resultado ahora hay que esperar un mes y medio y antes en 15 días lo tenías. Lo peor es que esto no es cuestión de una comunidad autónoma concreta, pasa en todas en todo el Estado. Yo tengo una amiga que paga 700 euros mensuales junto con su marido por un seguro privado. ¿Quién se puede permitir eso?”, denuncia la autora.

Tal y como reconoce Pura, está mal para todos: tanto para los que van a la sanidad pública como para los que trabajan en ella. “A los sanitarios se les trata muy mal. No puede ser que un profesional con 6 años de carrera más un año de MIR, como mínimo, empiece cobrando el salario mínimo y más si le toca la especialidad en ciudades como Madrid o Barcelona, donde no hay una vivienda a un precio asumible. Para poder sobrevivir, tienen que hacer muchísimas horas de guardia, porque no tienen otra opción. El problema es que después de 24 horas de guardia, están cansados, y eso repercute en el paciente”, declara. Y añade que “tampoco es normal que, por falta de sanitarios, los médicos tengan que atender a un paciente en 5 minutos”.

En definitiva, el libro es una crítica al sistema, un homenaje a los sanitarios y un recuerdo a la familia y a los amigos, “ya que hubo muchísima gente pendiente de mí. Sentí todo su cariño y fuerza, por eso no quería dejar este mundo”, explica.

EL DÍA QUE PURA IBA A MORIR

Además de la crítica al sistema y de un homenaje a los sanitarios, el libro pone en valor a la familia y a los amigos, “ya que hubo muchísima gente pendiente de mí. Sentí todo su cariño y fuerza, por eso no quería dejar este mundo”, explica.

Así, el segundo libro de Pura comienza con el momento que ella considera “el peor de su vida”. Tal y como relata, “hubo un día de los que estuve ingresada en el que los médicos pensaban que iba a morir y llamaron a mis hijas para despedirse de mí. Yo escuchaba pero no podía decir nada, ya que estaba entubada, fue horroroso. Recuerdo que cuando se marcharon, me quedé mirando hacia arriba y sentí una fuerza que tiraba de mí, que me quería llevar, pero yo no quería marcharme. Recuerdo que tuve un diálogo interno pidiéndole a esa fuerza que me dejara quedarme, que tenía que ver crecer a mis nietos. Así, me resistí a perder a las personas que quería”. Después de ese momento, se fue recuperando poco a poco, sufriendo la sed que le daba el oxígeno y “chupando las gasas que me ponían en la cara de forma desesperada”, reconoce.

A pesar de todo, está “agradecida” por la oportunidad de seguir en este mundo y por la segunda oportunidad que está viviendo. “La recuperación fue dura, ya que estuve 28 días encamada sin poder andar, pero no me quedaron secuelas. Lo que hice fue volver a mi casa, frente al mar, que es lo que más me gusta, e iba levantándome de vez en cuando para caminar un poco, porque me cansaba. Con el paso del tiempo y lo mucho que me cuidaron, fui mejorando y empecé a dar paseos, hasta que pude volver a bailar, que es lo que me gusta. Lo que peor llevo ahora es la parte mental. Le cogí miedo a la muerte, porque la sensación de irme me asustó muchísimo”.

Con todo, Pura, como mujer fuerte y valiente que es, pone por delante lo positivo, como todo el cariño que se llevó de esa etapa por parte de los sanitarios y de sus personas cercanas, así como los ratos en los que, al no poder hacer otra cosa, pensaba historias de personas que le habían marcado durante su vida. “Los pensamientos que me vinieron a la mente en el hospital me sirvieron para reflexionar sobre mi vida y la de los demás, y también para valorar este camino que tenemos la suerte de poder vivir”, concluye Pura.

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