Treinta años de arte efímera y trabajo colectivo: el Corpus Christi de Sarria

Jessica Fernández
En 1996, la Cofradía del Santo Entierro y la Soledad, fundada por Rocío Rodríguez Núñez, decidió poner en marcha en Sarria una tradición que, tres décadas después, continúa siendo uno de los grandes símbolos culturales y visuales de la villa: las alfombras florales del Corpus Christi. Para ello, la cofradía contactó con la artista y maestra ya jubilada Violeta Bernardo, quien aceptó el reto de diseñar unas alfombras que acabarían convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de Sarria.

“Me liaron”, recuerda Violeta Bernardo al rememorar aquel primer año en el que comenzaron a trabajar con las flores que había. “Hicimos los perfiles con flor de tojo amarilla y después con las que íbamos encontrando, así como con serrín”, relata. Aquellas primeras alfombras nacieron literalmente sobre el pavimento de las calles, dibujadas a mano y construidas flor a flor gracias a la implicación vecinal. Violeta Bernardo reunió un grupo de niños para ayudar en la elaboración de las alfombras y entre ellos estaba un joven Hernando Caldeiro, quien años después acabaría tomando el relevo al frente del diseño. “Resultó muy bien”, recuerda Violeta sobre aquella primera experiencia, que acabó convirtiéndose en una responsabilidad que asumió durante 15 años consecutivos. Las alfombras recorrían entonces el trayecto entre la iglesia del Salvador y Santa Mariña, mientras numerosas familias participaban en la preparación de materiales y en la decoración de las calles.
La elaboración comenzaba mucho antes del día del Corpus. Las tareas previas ocupaban semanas enteras y requerían una organización casi artesanal. Un mes antes se cortaban plantas y flores, especialmente el mirto y la tuya, mientras el serrín se teñía manualmente con anilinas. “Ahí no había máquinas ni nada”, recuerda. Todo el trabajo se realizaba de forma manual y colectiva, con una dedicación constante que implicaba a numerosas mujeres de la villa. “Empezamos en la Casa del Marqués y después fuimos a la iglesia del Rosario; hacíamos lo que podíamos según el tiempo”, explica la artista.
Para Violeta Bernardo, el diseño de las alfombras siempre tuvo un componente artístico mucho más profundo que una simple decoración floral. “Yo lo tomaba como si fuese una instalación artística”, asegura. “No es lo mismo hacer un dibujo de 30 por 30 que un dibujo de 9 metros por 6”, explica, consciente de la complejidad técnica que supone trasladar un boceto a superficies de grandes dimensiones. Aun así, insiste en que el verdadero valor de las alfombras nunca estuvo únicamente en el diseño. “Esto es un trabajo en equipo y cuanta más gente participe, mucho mejor. No se le puede dar el mérito a una persona”, afirma.
En 2011, Violeta decidió dar un paso al lado y Hernando Caldeiro tomó el relevo para encargarse del diseño principal de las alfombras florales. Desde entonces, y siempre de la mano de la Cofradía primero y posteriormente, en 2015, del Ayuntamiento de Sarria, se garantizó la continuidad de una celebración que ya formaba parte de la identidad de la villa. Aunque la cofradía dejó de organizar oficialmente las alfombras, muchas de las mujeres que habían participado durante años continuaron colaborando de una u otra manera, así como otras voluntarias alfombristas, en su mayoría mujeres, que dedican semanas enteras a preparar todos los materiales necesarios para el Corpus.
EL PROCESO DE CREACIÓN DE LAS ALFOMBRAS

Hernando Caldeiro explica que el proceso creativo continúa siendo muy similar al de hace tres décadas. Todo comienza con pequeños bocetos sobre papel que posteriormente se amplían hasta alcanzar las dimensiones reales de cada tapiz. “Empiezo dibujando en papel pequeño las ideas y después las escalo a un papel con las dimensiones reales que se van a colocar en la calle”, explica. Una vez preparados los diseños, los papeles se fijan sobre el suelo y sobre ellos se colocan flores, serrín y virutas teñidas. También se utilizan moldes para calcar con tiza o mediante moldes de madera con huecos que después se rellenan con flores, menudos o serrín de colores.
Detrás de esa espectacular imagen final existe un complejo trabajo de organización que comienza semanas antes, al que se suma la meteorología y las donaciones florales que llegan durante los días previos. “Dependemos de las flores que vamos recibiendo, entonces vamos adaptando el diseño que teníamos planificado. Todo depende del tiempo que haga, si llueve, si no…”, explica Hernando.
Hernando Caldeiro distingue así dos grandes fases en el proceso. La primera corresponde a toda la logística previa, un trabajo invisible pero fundamental para que el sábado previo al Corpus pueda arrancar la elaboración de las alfombras. “Tiene que estar todo bien: que los materiales estén cortados, que estén en cajas, que estén distribuidos en la calle, que sepan dónde tienen que ir, que las virutas estén teñidas, los cubos, las palas…”, enumera. Después llega el momento de recoger todo el material utilizado, otra tarea que también requiere coordinación y esfuerzo colectivo.
La segunda parte es la elaboración de las alfombras propiamente dicha, una jornada intensa que obliga a decenas de personas a pasar horas arrodilladas sobre el suelo colocando flores y serrines. Con el paso de los años, el equipo fue perfeccionando métodos para agilizar el trabajo y simplificar algunas tareas. Actualmente, por ejemplo, las virutas y el serrín se tiñen utilizando una amasadora, una solución que permite trabajar más rápido ante la reducción de las donaciones florales.
Con todo este trabajo, se construyen las alfombras florales del Corpus de Sarria, que están formadas por tres grandes tapices principales: uno situado en el atrio de la iglesia del Salvador, de aproximadamente 6 por 6 metros; otro frente al templo, en la zona de la Fortaleza y las Letras de Sarria, de unos 6 por 9 metros; y un tercero frente a la iglesia de Santa Mariña, de alrededor de 5 por 9 metros. A ellos se suma la gran alfombra floral de la Rúa Maior, dividida en dos tramos de 175 y 75 metros de longitud, ambos de 2 metros de ancho. En total, las alfombras cubren una superficie aproximada de 635 metros cuadrados.
LA IMPORTANCIA DE LA PARTICIPACIÓN

La participación ciudadana continúa siendo uno de los pilares esenciales de esta tradición. Hernando insiste en que el trabajo cambia completamente según el número de voluntarios implicados. “No es lo mismo hacer todo eso entre 50 personas que entre 100”, señala. Precisamente, uno de los aspectos que más le preocupa es el descenso de participación en algunos momentos, aunque en los últimos años surgió un fenómeno inesperado: la implicación de los peregrinos del Camino de Santiago. “A los peregrinos les encanta participar”, asegura. Muchos de ellos, incluso agotados tras la caminata, se detienen para colaborar durante un rato en la confección de las alfombras. “Hay gente que incluso dice que se marcha porque se les cierra el albergue”, comenta.
Además, para Hernando Caldeiro, el verdadero valor del Corpus de Sarria no reside únicamente en el resultado visual de las alfombras, sino en las relaciones humanas que se crean alrededor de ellas. “Lo más positivo de esta tradición es haber podido relacionarme con gente de generaciones con las que seguramente no coincidiría y conocer gente de Sarria”, afirma. Asegura que el ambiente de unión que se genera durante esos días es lo más especial de toda la experiencia, “incluso a pesar de los momentos complicados que puedan surgir cuando las cosas no salen como estaban previstas”.
La motivación de quienes participan tampoco tiene ningún tipo de compensación económica. “Es una actividad sin ningún tipo de remuneración más allá de la satisfacción personal”, explica Hernando, convencido de que el verdadero motor de esta tradición sigue siendo la ilusión colectiva. Por ello, considera que el día en que desaparezcan esas ganas de participar será cuando las alfombras corran realmente peligro. “En estos 30 años no pasó, siempre salió adelante, incluso en los años de la pandemia”, destaca.
Consciente de que la continuidad depende de las nuevas generaciones, Hernando lleva años incorporando nuevos diseñadores para garantizar el relevo. Entre ellos figuran Caterin López, Marcos Martínez, María Beltrán o Cristina Amil, que colaboraron en distintos años en la elaboración de los diseños. Aun así, considera que el verdadero riesgo no está tanto en encontrar a alguien que diseñe las alfombras, como en mantener el grupo humano que las hace posibles. “El día que falten esas personas será el día que no haya alfombras”, advierte, en referencia a las decenas de mujeres que durante semanas preparan materiales y organizan cada detalle de la celebración.
Treinta años después de aquel primer Corpus de 1996, Violeta Bernardo volverá este año a colaborar junto a Hernando Caldeiro en el diseño de una alfombra especial con motivo del aniversario. Será una obra simbólica, pensada tanto para homenajear la trayectoria de estas tres décadas como para animar a nuevas personas a implicarse en la tradición.
Para Violeta, el Corpus Christi de Sarria representa mucho más que una celebración religiosa o artística. “Es una tradición muy bonita, porque le da realce al pueblo. Es una manera de posicionarse en el mapa”, asegura. Pero, sobre todo, considera que las alfombras florales son una forma de recuperar algo que, según lamenta, se está perdiendo en la sociedad actual: el sentido de comunidad. “Es hacer unión durante unos días, trabajar al unísono y aportar todos algo”, reflexiona.
Por ello, insiste en la necesidad de que más personas participen, tanto en la preparación previa como en la elaboración de las alfombras durante el fin de semana del Corpus. “Ese día es duro. Tienes que estar todo el día tirada por el suelo”, comenta. Sin embargo, también recuerda que precisamente ese esfuerzo colectivo es lo que convierte esta tradición en algo especial y atractivo para quienes visitan la villa.
Las alfombras florales del Corpus de Sarria nacen para desaparecer apenas unas horas después. Tras días de preparación y una noche entera de trabajo, la procesión del Corpus atraviesa las calles pisando los tapices florales hasta deshacerlos por completo. Un arte efímero que dura solo un instante, pero que desde hace 30 años sigue dejando una huella permanente en la memoria colectiva de Sarria.